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24 enero 2026

Bajo los escombros (Vals)


Cuando Chillán fue sacudida por el terremoto del 24 de enero de 1939, la radio fue la principal fuente de informacional respecto a la magnitud de la catástrofe. Este incipiente medio de difusión propició la ayuda a los damnificados desde distintos puntos y ámbitos del país.
El compositor nacional Víctor Acosta (1905-1966), que posteriormente escribiría La joya del Pacífico, compuso el vals Bajo los escombros para solidarizar con Chillán tras su práctica destrucción. Poco conocido al día de hoy, este emotivo vals refleja tanto el dolor de la pérdida como la esperanza en el mañana, además del agradecimiento a los países que prestaron su ayuda; fue una de las canciones radiales más difundidas en aquellos tristes días.


Bajo los escombros
(Autor: Víctor Acosta)

Van a escuchar los sentidos versos y arpegios de este vals
como un responso sobre el sueño grave de los muertos
en la tragedia que nadie ha de olvidar.

Madre de mi vida, me dejaste solo
y no tengo a nadie quien vele por mí.
Triste en este mundo, huérfano he quedado,
llorando mi pena y también por ti.


Corrí por las calles como enloquecido,
buscando a mi padre sin poderlo hallar.
Si está muerto o vivo bajo los escombros,
bajo los escombros del que fue Chillán.

Esa noche loca que tembló la tierra
huérfano he quedado sin padres ni hogar.
Muchas son las madres que lloran sus hijos
en la noche negra que azotó a Chillán.


Siempre yo recuerdo que en aquella noche
con voz dolorida escuché sollozar:
"Hijo de mi alma" y callaron sus labios
bajo los escombros del que fue mi hogar.

Ya pasó el temblor, enlutando el suelo.
Pedro Aguirre Cerda infunde valor
inculcando al alma la esperanza fuerte
Que traerá al futuro dicha y esplendor.


Todas las naciones nos tienden las manos
viniendo en socorro de nuestro dolor.
Que al ver la nobleza de pueblos hermanos
el alma chilena vibra de emoción.


24 enero 2025

Epopeya de Chillán (Poema)


Testigo presencial del terremoto del 24 de enero de 1939, Nicanor Parra no olvidará este desastre que marcará para siempre su poesía. Epopeya de Chillán y La mano del joven muerto evocan aquella fatídica noche con grandeza, dolor, emotividad y pasión. 
Epopeya de Chillán es tanto un grito de alabanza a la ciudad como un llamado a la continuidad: Chillán, muchas veces herida pero jamás vencida. 


Epopeya de Chillán
(Autor: Nicanor Parra)

Que se levante el raudo viento azul del otoño,
que aquí no pasa nada que puramente todo.

Chillán existe como una rosa blanca 
sobre mi corazón húmedo y sin palabras.

Chillán, como una alta viña de nomeolvides
eternamente pura sobre mi alma existe.

Que se levante el agua como un cisne furioso
que aquí no pasa nada que solamente todo.


En la empinada torre de la montaña canta
como un pájaro suelto la nieve y la mañana.

Chillán, igual que un toro con su clavel al cuello 
corriendo como un río como sangre lo siento.

Su caracol de plata retumba en mis oídos 
y en mis ojos de sombra se establece el rocío.

Chillán no está vencido, Chillán laurel alzado
como en el verde campo los gentiles caballos. 


Que se levante el trueno vivo de los tambores 
y el hortelano alegre que se levante entonces. 

Chillán en cada gancho de cada lirio vibra 
como la espada abierta de la noche sombría.

Que la naranja surja de su capullo de oro 
que aquí no pasa nada que eternamente todo.

Levántese el anillo de nuestra mano y sea 
levantado el brillante mineral de la tierra.


Chillán igual que un trébol o como un mar se extiende 
correcta de lucero su inmaculada frente.

Aún te veo luna y aún turbio diamante
derramándote sobre la ciudad como un sauce.

Y así como te veo marfil azul volando 
así te tiene preso mi pecho de corsario. 

Que se levante pido la piedra como un ángel 
y la sin par abeja pido que se levante.



23 enero 2025

Tumbas de víctimas del terremoto de 1939


Conocido es el lugar de descanso final de las víctimas del terremoto de 1939 que no pudieron ser identificadas. Dos fosas comunes de 400 metros de largo fueron abiertas a la entrada del patio 3 del cementerio para recibir los cuerpos anónimos. Hoy este triste lugar es un espacio para la meditación y el recuerdo.

Una hermosa escultura de la artista local Helga Yufer recibe a los visitantes. Representa a una mujer vestida con ropas de dormir que parece correr mientras se sostiene la cabeza. ¿Fue arrancada del sueño por el temblor, busca a alguien desaparecido en el desastre o llora la pérdida de un ser querido? Quizá todo eso. 

La zona de las fosas es hoy un pequeño parque memorial provisto de bancas y mucha arboleda. Descendientes de algunos fallecidos han levantado monumentos identificatorios.

Otros, los mas afortunados, descansan en nichos y tumbas familiares; tal es el caso del comerciante Ignacio Brunet Caraves y de Selma Davani, esposa del fundador de Casa Rabié.

(Fotos: 01, 06 y 20 de junio 2023).


25 enero 2024

Guillermo Díaz, velador nocturno (Gabriela Mistral)


Una crónica del terremoto: Guillermo Díaz, velador nocturno es un texto poético de Gabriela Mistral que rinde homenaje al joven nochero muerto en el terremoto de 1939. Anoche, en el cierre de la conmemoración de los 85 años del terremoto, fue recitado por la poeta Michelle Contreras. 


"El muchacho Guillermo Díaz, de 15 años, la noche del cataclismo hacía guardia en la planta eléctrica de Chillán.
Al venir el temblor, él escapó con otros hacia la plaza Mayor, la ancha plaza colonial, el refugio de todo el mundo.
Pero apenas había llegado, el muchacho se acordó de su guardia, pensó en las llaves de luz, vio, en su mente rápida, a Chillán ardiendo.
La tierra en torno de él, bailaba como la Ménade feroz; las calles, en momento, dejaban de serlo. Sólo la gran plaza parecía el abra de salvación. Pero el niño criollo no vio la muerte propia, que es la única que vemos todos; no sintió el tumbo de la sangre, que bate a vivir en esos momentos. No miró en el aire lleno de pueblo sino su tablero eléctrico y la manecilla de la llave matriz, dueña de la llama: el incendio sobre el terremoto.
Guillermo Díaz corrió saltando sobre escombros, corrió sin parar, ciego y lúcido; llegó a la planta, subió las escaleras, buscó el muro y dio la vuelta a la manecilla de la salvación.
Antes de que su brazo bajara, el edificio caía sobre él, como la ballena herida, en una sola masa, aplastando el cuerpo del velador nocturno.
Mucho después llegaron allí los hombres de salvataje, alzaron la ruina, hurgaron en el polvo y hallaron el cuerpo mártir. Pegado a la llave, duraba sobre ella el brazo del muchacho, parado en su gesto de salvar y morir, sin bajar, muerto y todavía fiel.
Las escenas de la noche del 24, la cinta rojinegra de estampas del temblor, los sobrevivientes las matarán en su memoria, para que ellas no los maten. Pero esta flor absoluta de heroísmo, esta simple rosa de Sarón, quedará en ellos, sobre el cogollo de la memoria, sola y llameando de vida eterna.
El brazo de coger frutas, el que iba a dar a una mujer; su hermoso brazo de vivir, quedó allí atrapado en la trampa de la muerte, limpio el gesto, la intención indudable.
Maravilloso muchacho de Chillán, carne de vigilia, niño desvelado. Tal vez como obrero nocturno iba de día a su escuela, y desfiló en aquella mañana de mayo en que la niñez de Chillán pasó bajo mis ojos. Tal vez fue uno de los que, volteándose al pasar, me dieron sus ojos, y yo lo miré un instante con fijeza, según miro lo que quiero llevarme… No sé el color de sus ojos criollos ni el de su piel, que sería mestiza, color de hombre, color de intemperie chilena.
Pero su nunca lo vi, ahora ya no importa: aquí lo tengo, vivo y a mi lado, mientras lo cuento, arcángel racial, medio rojo, medio ceniza, más recto que abatido, mástil de vida y muerte.
Está conmigo, en el aire extranjero, en tierra de otros, y con más razón lo ven en todos los rincones de Chile: está en la quebrada cordillerana cerca del volcán que le despeñó su muerte: lo verán este otoño en el huerto de manzanas de Angol; hablarán de él en los cerezales de Traiguén y en el ruedo de pescadores de Ancud. En cada mancha de niños, en toda porción de infancia chilena que huelgue o trabaje, estará con más razón Guillermo Díaz y mirará de hito al niño que lo cuenta y luego lo llora a sollozos.
Cuando Chillán haya superado su prueba: Cuando sus calles vuelvan a ser un cuadro de ajedrez ciudadano, después que se hayan levantado, airosos, la iglesia, la alcaldía, el teatro; una vez servida la necesidad que hoy nos oprime y ahoga, todos pensarán levantar en bronce andino, o en piedra de volcán, el clavel ardiendo del niño criollo, del velador nocturno de la ciudad. En bronce lo harán, por darle más ardor y será puesto a media ciudad, en la plaza de su duda y su resolución, a fin de que él siga siendo el corazón civil de su Chillán, el guardia desvelado de ojos de búho.
Los hombres oirán el nombre de Guillermo Díaz, el celador del fuego, con ese calofrío dulce que pone lo heroico; los adolescentes tendrán al velador como su espejo, y cada mujer se sentirá su madre, al pasar delante de él, al templo o al mercado.
él hizo el tránsito brusco de una sola remada, de un salto, mejor de cómo lo haremos nosotros, que poco sabemos vivir y menos todavía morir. Sabe morir el que llega sabiéndolo, el avisado, que decían los antiguos, el héroe puro, como éste…
Piedra andina del cataclismo, me quemas las manos al tomarte para verte bien, piedra común de Chile, tan oscura ayer, tan clara hoy.
Obrero con sueño de cien noches, niño de vela perfecta, de guardia estricta, pueblo puro, carne rendida ahora, duerme, duerme. Nos has enseñado un acto: la cabal vigilia, y un además: el brazo contra el fuego, sobre la llama, la mano fulminada".


(F: 24 de enero de 2024).


24 enero 2024

Terremoto de 1939: Las edificaciones sobrevivientes


Chillán celebraba poco más de un siglo desde su cuarta fundación cuando la tragedia volvió a golpear con fuerza a la tantas veces maltratada ciudad. 
Eran las 11:32 de la noche, un 24 de enero. Durante tres minutos la tierra se sacudió violentamente y Chillán se derrumbó, aplastando en su caída a gran parte de sus habitantes. Sin distinción de clase, el terremoto de magnitud 8.3 en la escala de Richter enlutó a Chillán. No hubo familia que no sufriera la pérdida de algún ser querido; a veces más de uno. El Ministro del Interior, Pedro Alfonso, reunió a los sobrevivientes en la Plaza de Armas para efectuar un conteo de vecinos. Nunca se sabrá la cifra total de vidas truncadas aquella fatídica noche; 25.000 personas es el número más repetido. 
La casi totalidad de la arquitectura se perdió. Los hermosos edificios neoclásicos del 1900 compartieron destino con las pintorescas casas coloniales del 1800:  Desaparecieron. 
Tras el llanto, el duelo y la amargura vino la resignación. Luego, la reconstrucción; labor nada fácil, habida cuenta de que el 97% de la ciudad ya no existía. Pero si algo caracteriza al chillanejo es su valor para sobrellevar las tragedias. Estas no han sido pocas. La naturaleza se ha vuelto contra Chillán en más de una ocasión: Ríos desbordados y terremotos llevaron a su destrucción y reubicación. El gran terremoto de 1939 significó otro fin para Chillán, pero también un nuevo comienzo. La ciudad que hoy conocemos surgió tras esa noche. 
A 85 años del devastador terremoto, ¿qué resta del Chillán previo a 1939? Intentaré una respuesta enfrentando imágenes antiguas (si las hay) con modernas de un mismo lugar. Todas las fotos antiguas las recolecté de la Red.


Capilla del Hospital San Juan Dios, construida en 1791, remozada en 1874.

             Casa Etchevers, construida en 1934.

Edificio comercial Los Dos Cuyanos, construido en 1935.

Iglesia San Francisco, construida entre 1907 y 1927, remozada en 1937.

Iglesia y Convento de la Virgen del Carmen de Chillán, construida entre 1910 y 1913.


Para más información sobre el terremoto de 1939: